![]() |
| Emma - 2012 |
Existe gente a la cual no le gusta fotografiar a niños. No por los niños en sí, sino por el "trabajo que dan". Bueno, por mi parte, yo no soy de esos. A mi me gusta. También es verdad que éstos buscan un tipo de fotos con ellos y yo otra. Buscan que posen, yo no. Yo quiero que sean ellos, no que sean lo que yo (o sus padres) les digan.
En el fondo, me siento muy cómodo fotografiando así. Puedo sacar más de quien esté delante de la cámara, sea niño o adulto (o teenager). Aunque con los adultos es algo más complicado, los niños se sueltan delante de una cámara. Primero se acojonan un poco (¿quién no?), pero en un momento la cosa cambia y te ofrecen todo su repertorio de miradas, gestos y actitudes que los representan.
Sacar esto en adultos o algo más mayores, es un poco más complicado. Se va teniendo conciencia de la imagen, de tu imagen y del concepto máscara. Y la cosa, claro, se complica. Aunque con la confianza suficiente contigo, esto poco a poco va cambiando y tu, como fotógrafo, puedes ir sacando más a la persona y menos a la máscara, o ése "mensaje" que se quiere enviar a través de la imagen, de su propio retrato.
Trabajar sin mandar a quien tengo delante me aporta tranquilidad. De alguna forma, me gusta ser cazador de gestos y situaciones y actitudes más que un creador de éstos. Y con los pequeños ésto se consigue. Por suerte, tengo a mano unos cuantos. Son mi "mini-proyecto". Terapéutico.
R.




